1. LAS TEORÍAS DE LOS GRUPOS
Nos
interesa ahora indagar acerca de lo grupal en las clases escolares, en las
concreciones que se producen en el cruce de las variables tiempo y espacio, en
las situaciones de enseñanza que surgen en instituciones y en contextos
sociales específicos.
En
las situaciones surge la praxis, se concreta lo pedagógico: "el conjunto
de elementos, hechos, relaciones y condiciones constituye lo que se denomina
situación, que cubre siempre una fase o un cierto período, un tiempo"
(Bleger, 1969, pág. 45).
Las
dimensiones personales, interaccionales, grupales, institucionales, sociales,
instrumentales pueden desglosarse de las tramas o redes de relaciones, que se
contextúan histórica, social y geográficamente en las clases.
Nos
preguntamos en este apartado acerca de la presencia de lo grupal y sus
manifestaciones, en los espacios y las clases escolares. ¿Qué significa lo
grupal? ¿Es identificable lo grupal al grupo? ¿Qué significan grupo de
aprendizaje y grupo-clase? ¿Qué es la grupalidad? ¿Cuáles son las articulaciones?
¿Cuáles las especificidades?
Estos
interrogantes llevan a un replanteo teórico. Parece necesario buscar ciertas
precisiones en los conceptos y términos utilizados.
En
el apartado anterior sobre consideraciones epistemológicas ya hablamos de los
niveles y las perspectivas de análisis para abordar un campo u objeto de
estudio complejo. Entre ellos mencionamos el grupal: como nivel, hace referencia
a un grado de integración o estructuración del fenómeno y a la posibilidad de
comprenderlo y analizarlo desde teorías provenientes de la psicología social,
la dinámica de grupos, que se relacionan con la especificidad del mismo; como
perspectiva, refiere a lecturas posibles, a miradas desde diferentes
disciplinas y teorías.
Esta
acepción de grupal es de índole metodológico-epistemológica, en la medida en
que busca hacer inteligible un sistema complejo. Es ésta una primera vertiente
de significado. En nuestra investigación la hemos utilizado para comprender las
lecturas de la clase desde ciertas conceptualizaciones.
Veamos
ahora otros significados del término, desde las teorías grupales.
Distintas
corrientes han construido y construyen modelos teóricos acerca de lo grupal. Superan
el atomismo social e intentan explicar el conjunto, la Gestalt, la
estructura, la dinámica, etcétera.
Al
rastrear la genealogía del concepto, Ana María Fernández (1989a) habla de tres
momentos epistémicos en la constitución de saberes grupales. El primero
considera el grupo como un todo, que es más que la suma de las partes. A él
pertenecen la teoría de Lewin y las teorías psicosociológicas de los roles, del
liderazgo, de la comunicación, de la cohesión, etcétera. El segundo intenta
conceptualizar la estructura, las invariantes del grupo, las organizaciones
grupales, los organizadores que determinan los movimientos grupales. A él
pertenecen distintas teorías del psicoanálisis de grupos. El tercero trata de
superar las disciplinas de objeto discreto, producir redes transdisciplinarias
y desmontar dos ficciones: la del individuo y la del grupo como intencionalidad.
Se asocia a los nuevos paradigmas de la ciencia.
Podríamos
agregar un período previo, aepistémico, cuando el grupo no es objeto de
conocimiento, cuando no existe siquiera el nombre que lo identifica. Los
estudios acerca de la etimología de la palabra muestran que deriva del italiano
groppo o gruppo que designa en bellas artes al conjunto de
figuras esculpidas o pintadas en una misma composición (Anzieu y Martin, 1971).
En las lenguas antiguas no hay antecedentes de términos referidos a la
asociación de pocas personas. Sólo en el siglo XVII se registra la aparición
escrita de la palabra en Francia, designando a un conjunto de elementos. A
mediados del siglo XVIII, groupe hace referencia a conjunto de personas.
Habría
un largo período histórico en el que "el grupo" queda dentro de lo
impensable. Se vive en situaciones grupales, pero no se lo piensa distinto del
individuo, no se lo constituye en objeto epistémico.
Groppo originariamente
significaba nudo y se asociaba también a la idea de círculo (grupa, kruppa
en germano occidental). Éstas constituyen dos líneas de significación que aún
hoy persisten en la producción teórica.
Ana
María Fernández vincula temporalmente la formación del vocablo a la de la
subjetividad moderna y a la constitución de la familia restringida (Fernández,
1989b).
En
los dos primeros momentos epistémicos se plantea el estudio del grupo. La
preocupación teórica está centrada en identificarlo, recortarlo, explicarlo en
su especificidad y esencialidad. En el último, en cambio, hay una oposición a
esta intención. El grupo no es centro de interés sino que lo es la red de
entrecruzamientos, de implicaciones. Es aquí donde surge la concepción de lo
grupal a partir de cambios epistemológicos.
Haremos
una breve presentación de estas corrientes de pensamiento desde algunas
categorizaciones que consideramos de interés teórico-epistemológico.
•
Desde
la procedencia disciplinar.
Se constituyen dos corrientes: la externa, propia de la sociología; la interna,
propia de la psicología. Michael S. Olmsted (1963) las denominó "tradición
externa e interna". La primera define al grupo como categoría sociológica
y pertenece "a la vieja tradición sociológica e histórica del pensamiento
social" (ídem, pág. 10). El grupo es analizado como una célula en el
organismo social, dentro de unidades sociales más amplias. Las sociedades
fueron vistas como grupos, y ellos como componentes de aquéllas. La producción
sociológica inicial, la estructuralista y la funcionalista se ubican en esta
tradición. La segunda, o tradición interna, define al grupo desde su interior. En
ellos los individuos interactúan y pueden ser observados. El interés está
centrado en los sujetos que conforman el grupo, en los roles. Los grupos son
vistos como pequeñas sociedades. Es la psicología social la que marca la
superación de estas dos tradiciones.
•
Desde
las posturas gnoseológicas.
El antagonismo entre nominalismo y realismo subyace a muchas de las diferencias
teóricas. Roberto Romero (1987) analiza en particular esta problemática que se
expresa en el par antagónico individualismo-mentalismo grupal. En la primera
línea se enrolan quienes plantean el grupo y la sociedad desde lo individual
como unión de aquello que se considera fundamental, única realidad, y niegan
existencia a los grupos. El grupo se transforma en un mero nombre, una ficción
sin referente, una idea, un término que alude a la abstracción de lo colectivo.
Es la psicología individual la que se sigue en los grupos. Hobbes, Tarde, Le
Bon se inscriben en esta línea. Se produce una isomorfía individuo-grupo que
explica lo social desde lo individual. La segunda postura, la del realismo,
aparece en el pensamiento positivista de Durkheim en tanto afirma el lugar
fundante de la sociedad y de los grupos. Al unirse los individuos surge algo
nuevo, distinto, cuya naturaleza no depende de ellos sino de las relaciones que
entre ellos se establecen. La "conciencia colectiva" sustituye a la
"mente individual", planteada por la postura anterior. Las
representaciones sociales, más allá del individuo, se constituyen mediante
normas y reglas. Esta polémica que se generó en el siglo XIX tiene posteriores
representantes. El nominalismo y el realismo tienen su correlato en la
oposición individuo-grupo, sociedad. Es a través de las teorías de George Mead
acerca del "otro significativo" y de la de Freud desde el enunciado
de que toda psicología individual es también social, como se superan las
diferencias y se sientan las bases para un conocimiento nuevo desde espacios de
interfaz entre lo individual y lo social. Se abre el espacio de la psicología
social que se ocupa, justamente, del estudio de las interacciones,
percepciones, representaciones mutuas, y plantea la necesidad de una
representación del grupo como tal para que éste se constituya y dé una
definición de la pertenencia grupal desde la intersubjetividad.
•
Desde
las condiciones sociohistóricas. Ciertos hechos y situaciones históricos generaron o
facilitaron la producción teórica acerca de los grupos. Así, la búsqueda de
utopías a comienzos del siglo XIX (en Fourier); las crisis económicas, como la
de 1930, que condujeron a estudios en la industria con el objeto de mejorar las
condiciones laborales y la producción, o de cambiar hábitos alimentarios en
épocas de carestía, o de mejorar las relaciones humanas en las empresas; los
problemas de las guerras y el combate en el plano militar que llevaron a
estudios sobre la moral y la cohesión grupal en situaciones de aislamiento; el
nazismo, que creó la necesidad de explicar y prevenir fenómenos sociales
semejantes; la posguerra y las necesidades que surgieron en el campo social y
terapéutico de atender a la demanda social y comunitaria mediante programas
especiales; la cultura de la empresa y la productividad, que plantea el estudio
de los grupos desde la gestión, los círculos de calidad, etc.; la conformación
de un mundo globalizado a nivel de las comunicaciones, e intercambios, que
llevan a producciones para comprender los sistemas complejos, las múltiples
relaciones, etcétera.
•
Desde
las posturas teórico-epistemológicas. Ellas permiten plantear
diferenciaciones en el tipo de conocimiento, así como dificultades y obstáculos
epistemológicos propios de este campo. Ha sido necesario un largo proceso
sociocultural de descentración del individuo para dar lugar a que el grupo
lograra status epistémico. Los modelos sociales y las formas de socialización,
los sistemas de valores, las ideologías, la organización de los saberes
culturales en disciplinas, impidieron, durante un largo período histórico, que
el grupo pudiera ser pensado: de allí seguramente la inexistencia de la palabra
"grupo" en diversas lenguas hasta los siglos XVII y XVIII. El
individuo ocupaba su lugar de centro y desde él no era posible pensar el grupo.
Esta evolución social tiene, por otro lado, su correlato en lo individual por
la dificultad de lograr la representación del grupo como objeto, más allá de su
referencia internalizada como suma de individuos. Una vez constituido el lugar
epistémico del grupo en nuestro siglo, debido a los estudios sistemáticos que
la psicología social inicia, pueden reconocerse distintos tipos de
producciones: la estructuralista, planteada por Durkheim; la funcionalista, por
Parssons, quien se ocupa en un escrito de la clase escolar y sus funciones
sociales; la dinamista, cuyo representante es Lewin con la teoría del campo,
que plantea el grupo como un campo social en el que las fuerzas se combinan en movimiento
continuo en función de una energía que explica las locomociones hacia los
objetivos. Lewin define al grupo como una totalidad con interdependencia de los
miembros que lo conforman. La dialéctica, que plantea otra explicación a los
movimientos y define al grupo (. P. Sartre) como una "totalización en
curso". Otros autores han centrado sus análisis en el conflicto grupal (entre
ellos K. Lewin, P. French, D. Stock, M. Lieberman) vinculándolo a la búsqueda
del equilibrio a través de la resolución. Las vertientes
estructuro-funcionalistas en la psicosociología, que definen al grupo como una
estructura, se preocupan por establecer sus elementos identificatorios o
invariantes y la estudian desde un nivel manifiesto. Han dado lugar al
interaccionismo, a las teorías de los roles, del liderazgo, de la comunicación,
a la sociometría, al estudio de las estructuras cooperativas, individualistas y
competitivas, y a dispositivos de amplio desarrollo como los grupos T o de
entrenamiento, de encuentro y otros. En el psicoanálisis, las vertientes
estructuralistas se plantearon al grupo desde el nivel latente, desde los
fenómenos inconscientes que se producen en la vida emocional y que son
determinantes de las conductas manifiestas. La teoría de los supuestos básicos
de Bion, la de los organizadores psíquicos y socioculturales en Anzieu y Kaës
se ubican en esta vertiente. Las corrientes de lo grupal, que plantean la
crítica y la superación del estructuralismo, se evidencian ya en el pensamiento
institucionalista francés, alrededor de 1968 (G. Mendel, R. Loureau, G. Lapassade,
M. Lobrot, R. Hess, entre otros) que permite plantear las relaciones
institución-grupo y generar dispositivos como los grupos autogestivos y otros
para la intervención institucional. La teoría de la transversalidad de F. Guattari
y G. Deleuze y su continuación en el esquizoanálisis y las conceptualizaciones
de una lógica de rizomas y conexiones múltiples entre cualquier punto con otro
desde la heterogeneidad, la multiplicidad, sin modelos estructurales ni
generativos. La influencia del pensamiento de Foucault es importante en esta
vertiente. A su desarrollo en la Argentina nos dedicaremos a continuación.
•
Desde
la unidad de análisis.
Las teorías toman a la masa o al pequeño grupo como objeto. A fines del siglo
XIX y comienzos del XX, la masa y la multitud son objeto de análisis tanto
desde la socio-logía, en McDougall, Le Bon, Durkheim, como en el psicoanálisis,
con Freud. Ellos se ocupan de encontrar explicación a los fenómenos colectivos.
Otras teorías se ocupan del grupo reducido. Ya a fines del siglo XVIII, Charles
Fourier, desde el socialismo utópico, construyó una teoría especulativa
proponiendo los primeros estudios con base experimental. Planteaba el deseo de
establecer lazos afectivos y la búsqueda de acuerdos con grupos y series de
grupos. La falange es para él una comunidad ideal que vive en el falansterio,
donde cada uno, desde sus pasiones y gustos, trabaja con otros en series de
trabajadores. El grupo puede subdividirse en subgrupos dentro de una
cooperativa de distribución. Se trata, en realidad, de una psicología
industrial. Al estudio del grupo reducido se dedica la psicología social en sus
distintas corrientes, la dinámica de los grupos y el psicoanálisis de los
grupos en las escuelas inglesa, francesa y argentina.
•
Desde
los enfoques metodológicos.
La producción ha utilizado diversos enfoques: los estudios de índole
especulativa (hasta principios de siglo) sin carácter científico; los basados
en la experimentación; en el estudio de grupos naturales; en el enfoque
clínico; en el análisis de dispositivos grupales construidos para distintos
fines. El enfoque experimental caracterizó la producción psicosociológica; los
estudios sobre delincuencia juvenil en Alemania y Estados Unidos en la primera
parte del siglo XX se basaron en la observación de grupos naturales; la
corriente dinamista de Lewin utilizó el método experimental y creó la
investigación-acción; los grupos T, la sociometría, el psicodrama, los grupos
terapéuticos constituyeron dispositivos grupales que permitieron la producción
teórica. Desde el psicoanálisis aplicado a los grupos se realizó un enfoque
clínico.
•
Desde
los intereses prioritarios.
La producción teórica ha estado preocupada por el conocimiento de tipo
especulativo con intereses filosóficos o sociales (producción inicial); en
otros momentos, por intereses pragmáticos para responder a problemas concretos
como en los estudios pioneros sobre relaciones humanas en la industria, de
Elton Mayo, o en los trabajos sobre la influencia social, de K. Lewin o en el
psicoanálisis de grupo en la posguerra (Bion y Foulkes); otros responden a
preocupaciones político-sociales que intentan explicar fenómenos como el nazismo
o la guerra, o buscan un funcionamiento democrático en Lewin y la
psicosociología de los roles, el liderazgo, etc.; o plantean desarrollos sobre
comunicación o propaganda con motivos de orden político-social.
En
nuestro país hay una fuerte tradición grupalista, inicialmente vinculada al
psicoanálisis y a la Asociación Psicoanalítica Argentina, con un claro interés
en los grupos terapéuticos. Surgió luego una línea de ruptura que, según la
interpretación de M. Percia, es "ruptura del encierro unificante dentro de
la institución psicoanalítica oficial" (Percia, 1991).
Dos
hechos resultaron significativos en esta historia de desprendimiento de la
institución homogeneizante: la apertura y consolidación de la Escuela de
Psicología Social de Pichon Rivière primero, y el movimiento y la creación del
grupo Plataforma después.
La
influencia del marxismo y su cruce con el psicoanálisis otorgó a las
intervenciones un carácter de compromiso político-ideológico y puso las
prácticas como transformadoras de las condiciones sociales en el centro de la
reflexión.
La
inclusión de otras teorías que se separaban de la ortodoxia caracterizó también
a la década del setenta. Es la época del movimiento institucionalista (G.
Baremblitt, F. Ulloa), de la contrainstitución (A. Bauleo), del psicodrama
psicoanalítico (E. Pavlovsky, F. Moccio, H. Kesselman, C. Martínez Bouquet), de
la difusión de los grupos operativos (E. Pichon Rivière, J. Bleger, A. Bauleo).
La participación en centros asistenciales, de salud, los trabajos en terapia
familiar y de pareja son formas de extender las prácticas más allá de las
instituciones formales. Las dictaduras en el país generaron exilios y
bifurcaciones hacia otros países en los que el movimiento grupalista continúa.
La
producción teórica de esta época puede enrolarse más fácilmente en el
estructuralismo. Se habla de grupo en términos de estructura grupal. "El
concepto grupo se refiere a la instancia grupo y no a la experiencia grupal
como tal" (Bauleo y otros, 1975). Por lo grupal se hacía referencia al
pasaje de la mera agrupación a "la organización de la estructura
imaginaria mítica que determinará sus movimientos" (ídem, pág. 25). Las
conceptualizaciones de Lewin y de la psicología social norteamericana, las de
Klein y Bion desde el psicoanálisis inglés, las de Pichon Rivière y Bleger en
la Argentina, las de Althusser desde el marxismo, entre otras, se combinaban
para generar propuestas teóricas nuevas.
En
la década siguiente la propuesta de "lo grupal" anuda nuevamente a
quienes, por razones políticas, se habían distanciado geográficamente.
Las
conceptualizaciones acerca de la transversalidad de Guattari y Deleuze y
posteriormente las de los rizomas, líneas de fuga, territorializaciones,
máquinas deseantes; las de Foucault sobre la analítica y la microfísica del
poder, la genealogía, los dispositivos; las de Derrida sobre la
desconstrucción, y el psicoanálisis lacaniano permitieron abrir perspectivas de
comprensión diferentes de las del período anterior y hasta opuestas a ellas.
Guattari
advierte, en una entrevista publicada en 1981, sobre los modos de
categorización demasiado estrechos y plantea la necesidad de
"interacciones constantes entre lo político, lo social, lo económico, lo
massmediático, lo religioso, lo cotidiano, lo nacional, lo transnacional,
etc." (Guattari y otros, 1981, pág., 109). Al hablar de los grupos
prefiere sustituir esta categoría por la de dispositivo que lleva "a
pensar el problema en su totalidad, a saber que las mutaciones sociales, las
transformaciones subjetivas, los deslizamientos semánticos, todo lo que atañe a
las percepciones, a los sentimientos, y a las ideas, para ser comprendido,
implica que se tomen en cuenta todos los componentes posibles" (ibídem).
Se
habla de lo grupal como espacio de transición, de intersubjetividad entre el
grupo interno y el externo; como vinculación de lo social y lo individual. Lo
grupal "habla de las diversas formas en que las subjetividades son
conformadas, de los grupos donde circulan y se vehiculizan, sin quedar
apresadas ni reducidas a tales formaciones grupales" (De Brassi, 1990).
El
grupo es el lugar de articulación de representaciones. Las formaciones
grupales son consideradas como lo que el grupo crea en su funcionamiento
(Scherzer, en Barenblitt y otros, 1983) o como formaciones imaginarias que el
grupo produce (Del Cueto y Fernández, 1985).
La
grupalidad también es conceptualizada en esta década como el
instituyente del grupo, sustentada por fantasías inconscientes, acuerdos
ideológicos y luchas por el poder (Saidón, en Barenblitt y otros, 1983), lo
específico del acontecer grupal (Del Cueto y Fernández, 1985) o como aquello
que se trata de construir alrededor de la red de relaciones que se establecen
en un conjunto de personas (Bauleo y otros, 1986).
Los
dispositivos grupales adquieren relevancia como aquello que posibilita
que lo grupal se exprese. Se plantea el desafío de pensar en una situación
grupal que "no aplane las diferencias, niegue la singularidad o reduzca la
diversidad" (Percia, 1991, pág. 44). La pregunta deja de ser la
esencialista acerca de qué es un grupo y cuál es su unidad y se abre a las
diferencias, a la diversidad, al "entrecruzamiento de discursividades no
sólo grupales, sino institucionales, históricas y sociales" (ibídem).
Ana
María Fernández (1989b, pág. 57) señala:
[.] la necesidad de pensar lo grupal
como un campo de problemáticas atravesado por múltiples inscripciones:
deseantes, históricas, institucionales, políticas, económicas, etc. Lo grupal
en un doble movimiento teórico: el trabajo sobre sus especificidades y su
articulación con las múltiples inscripciones que lo atraviesan. Nueva manera de
pensar Lo Uno y Lo Múltiple, intentando superar los encierros que la lógica del
objeto discreto impone, abriendo la reflexión hacia formas epistémicas,
pluralistas, transdisciplinarias.
Juan
Carlos De Brassi se refiere a lo grupal "como un espacio estructurante de
lo social-histórico, condición inmanente de existencia y razonabilidad de los
grupos mismos" (De Brassi, 1990, pág. 83).
Los
grupos pasan de ser un objeto discreto a ser un campo de problemáticas a
estudiar; la pregunta acerca de qué es un grupo se reemplaza por la de qué
atraviesa lo grupal y allí se hace necesario recurrir a distintas teorías y
disciplinas: "nos orientamos [.] hacia los nudos problemáticos
caleidoscópicamente atravesados por las múltiples inscripciones que los constituyen"
(Del Cueto y Fernández, 1985, pág. 13). De allí que en esta nueva postura
teórica la preocupación pasa del grupo como objeto a lo grupal como campo y a
la grupalidad como especificidad del acontecer grupal.
La
reconceptualización surge como superación de formulaciones anteriores. La
transversalidad abre la posibilidad de pensar lo grupal como campo de
atravesamientos e inscripciones múltiples. Hay un doble camino: el de la
inscripción del grupo en la institución y el de la producción de efectos
singulares, específicos en el grupo.
Los
grupos aparecen como "nudos constituidos por múltiples hilos de unidades
disciplinarias que se enlazan en el pensar lo grupal" (Fernández, A. M.,
1989b, pág. 57) o como "proceso desencadenado por los cruces y
anudamientos deseantes entre miembros singulares" (De Brassi, 1990, pág. 83)
o como "espacios tácticos donde se da la producción de efectos singulares
e inéditos" con una inscripción institucional real o imaginaria (Del Cueto
y Fernández, 1985, pág. 16).
Estos
conceptos de grupo como nudos, espacios, procesos, renuncian a la aprehensión
de la totalidad del grupo, aceptan en cambio que en cada acontecimiento grupal
hay inscripciones múltiples, hay acontecimientos que se cruzan y de los cuales
no es posible dar cuenta de forma total. Postulan un inacabamiento del grupo y
del conocimiento acerca de él. De allí que se renuncie al grupo como objeto
discreto.
Cabe,
por último, aclarar qué entienden estas autoras por dispositivo grupal. Se
trata de una virtualidad. "Dados un tiempo, un espacio, un número de
personas y algún objetivo común, se crean las condiciones de posibilidad para
que un agrupamiento se constituya en un grupo" (ídem, pág. 18). Ellos
conforman un dispositivo.
2. LOS GRUPOS EN EL CAMPO PEDAGÓGICO. NUESTRO APORTE
Antes
de plantear el aporte realizado desde nuestra producción teórica queremos
enunciar cuál ha sido la producción en el campo pedagógico, el cual se ha
caracterizado por conceptualizaciones tendientes, en general, a buscar formas
de transformación de la enseñanza. Entre esas conceptualizaciones las
siguientes son las que consideramos de mayor interés.
·
Durkheim
realiza desde la sociología estudios dirigidos a la clase escolar como pequeña
sociedad.
·
Parssons
escribe desde la teoría funcionalista un análisis sistemático de la clase
escolar.
·
El
movimiento conocido como "educación nueva", en la primera parte de
nuestro siglo, produjo ideas pedagógicas originales que intentaron innovaciones
en la enseñanza, retomando algunos principios enunciados por precursores como
Rousseau, Pestalozzi y Froebel. Tuvo dos corrientes paralelas en Europa y
Estados Unidos. Los principios de libertad, de colectividad, de actividad
permitieron plantear propuestas pedagógicas dirigidas al trabajo colectivo,
como el método de proyectos, el de enseñanza sintética, las técnicas Freinet;
al trabajo grupal, como el método de equipos, el Cousinet, el plan Jena; al
trabajo social, como la cooperativa escolar, la comunidad escolar, la asamblea,
etcétera.
·
Las
producciones provenientes de la psicología social y la dinámica de grupos
aplicadas a la educación tienen su exponente en el libro La dinámica de grupo
en la educación, de M. Bany y L. Johnson. En él se organizan y sistematizan los
conocimientos del grupo en su aplicación en la enseñanza. Sin embargo, aunque
algunas corrientes como la interaccionista produjeron investigaciones y
sistemas de clasificación propios de las situaciones didácticas, su utilización
en la enseñanza fue relativa.
·
La
corriente de la pedagogía de los grupos tiene como tes principales a G. Ferry,
J. C. Filloux, Ė. L. Herbert, J. Maissonneuve, A. de Peretti, Max Pages y otros.
La producción de C. Rogers se vincula a algunos de estos autores. Utiliza
aportes teóricos de la psicosociología y del psicoanálisis y tiene una
intención de análisis de los grupos-clase. Otros autores, como M. Gilly, M. Lobrot
y M. Postic, se ocupan de las relaciones educativas desde los mismos enfoques, complementando
los estudios de los grupos escolares.
·
En
Estados Unidos, a partir de los estudios de Deutsch, autores como Johnson y
otros han investigado experimentalmente acerca de las estructuras (competitiva,
cooperativa, individualista) en función de metas en situaciones de aprendizaje.
·
En
la didáctica, el tema de los grupos ha sido tomado fundamentalmente desde la
perspectiva de las técnicas de la enseñanza. Se han sistematizado y
categorizado repertorios de técnicas grupales para ser utilizados en ella.
·
Desde
la antropología se han realizado estudios etnográficos de la clase escolar en
Inglaterra, los Estados Unidos, México, Chile y, más próximamente, en la
Argentina desde la teoría del interaccionismo simbólico, la etnometodología, la
psicología ecológica y el análisis del discurso en el aula.
·
Algunos
autores vinculados a las primeras experiencias grupales de Pichon Rivière
hicieron aportes de interés a los grupos de aprendizaje. Entre ellos: J. Bleger,
A. Bauleo, C. de Lella, O. Menin, C. Zarzar Charur y R. Santoyo.
·
El
análisis y la pedagogía institucionales aportan enfoques teóricos propios, así
como prácticas y dispositivos. Entre ellos se encuentran M. Lobrot, G. Lapassade,
A. Vázquez y F. Oury, G. Mendel, R. Loureau, J. Ardoino y otros, y en nuestro
país, I. Butelman y L. Fernández.
·
Actualmente
las corrientes neopiagetiana y neovigotskiana investigan acerca del
conocimiento desde perspectivas de interacción social que, aunque no incluyen
la dimensión grupal, generan estudios de interés respecto de lo sociocognitivo.
Plantearemos
ahora, dentro del marco de las corrientes teóricas ya señaladas en el
pensamiento de los grupos y lo grupal, nuestras contribuciones en este campo.
En
la producción anterior realizada por nosotros (en la década del setenta y parte
de la del ochenta) sobre los grupos de aprendizaje, comenzamos indagando qué
son estos grupos y cuál es su especificidad. Así, conceptualizamos el grupo de
aprendizaje como
[..] una estructura formada por
personas que interactúan, en un espacio y tiempo común, para lograr ciertos y
determinados aprendizajes en los individuos (alumnos), a través de su
participación en el grupo. Dichos aprendizajes, que se expresan en los
objetivos del grupo, son conocidos y sistemáticamente buscados por el grupo a
través de la interacción de sus miembros (Souto, 1987).
Buscando
su especificidad hemos señalado como características peculiares los objetivos,
las técnicas y los medios, los contenidos, la evaluación, el rol del
coordinador y posteriormente agregamos las configuraciones subyacentes
específicas y los roles diferenciados de docente y de alumno.
Diferenciamos,
con fines de análisis, tres procesos básicos que en él se integran: el de
aprendizaje, el de enseñanza y el grupal.
1.
Proceso
de aprendizaje:
el objeto a analizar es el sujeto (individual) que aprende, modifica su
personalidad, cambia su conducta de manera duradera, a través de la experiencia
grupal. El aprendizaje incluye modificaciones de las conductas social,
afectiva, motriz y cognitiva.
2.
Proceso
de enseñanza:
el objeto a analizar es el conjunto de situaciones de enseñanza planificadas,
proyectadas, realizadas y evaluadas para que los miembros del grupo aprendan.
3.
Proceso
de dinámica grupal:
el objeto a analizar es el grupo en su devenir, desde que tiene su primer
contacto o interacción hasta que se disuelve.
En el grupo de aprendizaje se produce
la integración dinámica dialéctica entre tres procesos de distinta índole: el
proceso de aprendizaje individual que cada sujeto realiza, el proceso grupal
que el conjunto de miembros construye, y el proceso de enseñanza de índole
instrumental. A través del aprendizaje grupal se produce la integración de los
tres procesos: el grupo facilita (proceso grupal) que los alumnos aprendan
(proceso de aprendizaje) al compartir e interactuar en situaciones
estructuradas de enseñanza-aprendizaje (proceso de enseñanza) (Souto, 1987, pág.
44).
El
aprendizaje grupal "es un proceso de cambio conjunto, en el que el
aprendizaje individual es una resultante del interjuego dinámico de los
miembros, la tarea, las técnicas, los contenidos, etc. Tiene lugar por la
interacción, por la mediación del grupo y de cada miembro para el resto, por la
comunicación intragrupal" (ibídem).
La
preocupación por el grupo, su esencialidad, su especificidad y diferenciación
con el afuera eran claras. Nuestro pensamiento se dirigía más hacia el grupo
como objeto que hacia el campo de lo grupal. Para estudiar los grupos
diferenciábamos dos niveles: el fenoménico, que lleva a captar al grupo como Gestalt
en transformación continua, y el estructural, que permite desentrañar las
relaciones, determinar las invariantes, las formas de regulación interna. Una
teoría de los grupos debería explicar, decíamos, la estructura, la dinámica y
las técnicas de operación.
Para
explicar la estructura recurríamos a un modelo sistémico por el cual
concebíamos al grupo como sistema abierto en relación con el exterior y formado
por subsistemas en interrelación. Los sistemas que explican la organización del
grupo son el social, el psíquico y el instrumental. En cada uno de ellos
señalábamos organizadores específicos: el poder en el primero, la dependencia y
las imagos del maestro y del saber vinculadas a la fantasmática de formación en
el segundo, y la tarea en el tercero.
Sin
embargo, ya en aquellas formulaciones, la idea de estructura utilizada para dar
respuesta a la pregunta de qué es en esencia un grupo no expresaba un concepto
de totalidad cerrada. La utilización de un modelo dialéctico (Sartre) para
explicar el movimiento, el devenir, el proceso, aportaba la idea de una
"totalidad en curso", inacabada. La complementación de enfoques
teóricos diversos (sociológico, psicosociológico, psicoanalítico y pedagógico),
en la explicación del grupo como sistema, abría a la transversalidad y a la
multidimensionalidad. La relación grupo-institución evitaba una comprensión del
grupo como isla.
La
aproximación a este campo desde la investigación, y no sólo desde la práctica
profesional en coordinación de grupos o desde el estudio teórico, nos ha
planteado interrogantes válidos para una reconceptualización.
Al
analizar, en la investigación, las clases escolares como grupos de aprendizaje
comprobamos que nuestras definiciones acerca del grupo y sus características no
son aplicables a buena parte de los grupos-clase. Se planteó entonces si el
grupo-clase es o no un grupo. Aquí aparecen puntos poco claros, en tanto en
ellos se encuentran sólo algunas características consideradas específicas.
El
concepto resultaba demasiado cerrado, cosificante, terminante: o bien la
realidad escolar generaba peculiaridades de una especificidad tal que el
grupo-clase debía ser excluido de los grupos de aprendizaje, o bien el concepto
en sí mismo era de difícil aplicación, o bien el concepto incluía elementos que
lo transformaban en un ideal o un modelo a alcanzar, que no reflejaba la
multiplicidad de singularidades que en los grupos podían suscitarse.
Se
evidenciaron discrepancias entre lo empírico real y lo teórico. De allí derivó
la necesidad de modificar las conceptualizaciones, de reconstruir el marco
teórico de la investigación acerca de la clase escolar.
Así,
entendemos por grupal, en primer término, una perspectiva de análisis de
las situaciones de enseñanza-aprendizaje y de la vida escolar tal como surgen
en instituciones específicas, y en segundo término, aquel campo de
interconexiones, de entrecruzamientos de lo individual, lo institucional, lo
social, etc., donde surgen acontecimientos y procesos compartidos (imaginarios,
reales, etc.) entre sujetos que persiguen objetivos comunes de aprendizaje.
Dicho
campo se caracteriza por una red de relaciones que se establece en función de
un saber que se busca incorporar, compartir. Hay sujetos con deseos de saber. Hay
reunión de personas con una finalidad, que da sentido a la reunión y crea la
necesidad de una tarea. Hay un espacio de formación en función de un saber que
requiere de una organización instrumental. Está inscripto en una realidad
institucional: la escuela para los grupos-clase; el centro de recreación, el
club, la empresa, el centro cultural, etc., para otros grupos. Los movimientos
y tensiones grupo-institución otorgan características peculiares a los grupos
de aprendizaje. Lo grupal y lo institucional se vinculan e implican mutuamente.
Dentro
del vasto campo de lo grupal surgen procesos grupales específicos y singulares
que pueden recorrer trayectos o hacer historias más o menos prolongadas en el
tiempo y lograr grados y tipos de grupalidad muy diversos. A estos procesos
grupales podemos aceptar llamarlos grupos en términos genéricos, pero
preferimos referirnos a ellos como "formaciones grupales", ya
que a partir de un dispositivo grupal, o sea un conjunto de personas, un
espacio y tiempo comunes, una meta u objetivo, una institución convocante, se
generan espacios de interacción, una red de relaciones reales e imaginarias,
significaciones compartidas, expectativas mutuas, sentimientos grupales,
sentidos de pertenencia que se entrelazan, dando un carácter de singularidad a
cada grupo que va cambiando, modificándose en el devenir y que, aun cuando
presenta rasgos de estereotipia y cristalización, está en proceso de formación.
Lo
grupal surge cuando hay pluralidad de individuos en situación de copresencia
para algo. A ello hace alusión el concepto de dispositivo grupal, que podrá
tener cantidad de variantes en función de tipos de grupo, encuadre y artificios
técnicos.
Lo
grupal podrá tomar formas diversas desde agrupamientos más o menos efímeros y
lábiles hasta grupos primarios muy consolidados.
Allí
aparece el concepto de grupalidad [1]como
posibilidad, como potencialidad de ser grupo. Podrá desarrollarse, crecer, paralizarse,
tomar formas más o menos aberrantes. Es una dimensión con sentido de
temporalidad, de proceso, de camino o trayectoria que puede llegar a niveles y
grados muy diversos. No alude o se refiere a una meta a alcanzar como ideal, ya
que la grupalidad está dentro del juego dialéctico, del movimiento constante,
de las progresiones y regresiones propias de todo sistema complejo y dinámico. No
hay un estado ideal como punto final de un progreso lineal. Hay una posibilidad
de devenir, de construirse, de autoorganizarse abierta y flexiblemente en esta
dimensión de grupalidad.
Todo
conjunto o encuentro entre personas tiene la posibilidad de ser, de devenir
grupo; está ubicado en una dimensión potencial de grupalidad y la transita. Los
sujetos (docente-coordinador, alumnos-miembros) podrán tener mayor o menor
conciencia de esta cualidad potencial y podrán favorecerla u obstruirla de
distintas maneras.
Así,
podemos encontrar marcadas diferencias en el campo grupal en las situaciones de
enseñanza-aprendizaje. Desde aquellas en las que cada individuo actúa desde su
individualidad y es apelado desde una propuesta de enseñanza en cuanto
individuo solo en una serie y no en cuanto sujeto social, como persona con
conciencia, hasta otras en que lo grupal se constituye en preocupación
compartida y se lo construye desde los procesos de interacción en redes de
identificaciones mutuas, en entrelazamientos sociales, en producciones
colectivas.
En
los análisis provenientes de la investigación hemos encontrado clases con características
de mero agrupamiento, con número variable de miembros, relativa presencia de
objetivos en torno a un interés común, poca participación y compromiso, escasa
asunción activa de lo común, etcétera. En ellos surgen algunas subunidades,
como los subgrupos de compañeros o amigos que superan el agrupamiento logrando
la construcción de grupos primarios.
A
través de la práctica profesional en grupos de formación, de entrenamiento,
etc., se han observado grados de grupalidad que superan el agrupamiento y que
conforman configuraciones con implicación socioafectiva, compromiso en la tarea
y en la finalidad común, y grados altos de cohesión e integración.
En
lo educativo, en sus prácticas, podríamos decir que lo grupal "está
ahí", tiene presencia, pero podrá tomar un carácter más real o quedar como
virtualidad en tanto la grupalidad pueda o no desarrollarse. La grupalidad no
es una entelequia; es una posibilidad, una potencialidad de todo encuentro
humano. Aquí surge la conceptualización de formaciones grupales. Para su
desarrollo se requerirán condiciones de relación, movimientos adecuados,
articulaciones entre lo grupal y lo institucional, por un lado, y condiciones
más específicas, que quedarán afirmadas por la creación de dispositivos
grupales propios para estas situaciones de enseñanza-aprendizaje, por otro.
Es
aquí donde nace la necesidad de pensar y construir una didáctica de lo grupal,
diferenciándola de otras modalidades.
El
término "didáctica grupal" hace mención a un enfoque pedagógico, a
una concepción de enseñanza y de aprendizaje que va más allá de proponer
metodologías específicas de trabajo en grupo. Toma como objeto de estudio el
acto pedagógico en sentido abstracto, las situaciones de enseñanza-aprendizaje
en sentido concreto, propone el ámbito grupal para focalizar y el nivel grupal
para estudiar dichas situaciones, complementándolo con otros niveles y ámbitos
ya señalados. Considera su objeto desde la complejidad y lo analiza
multidimensional y dialécticamente; para ello recurre a disciplinas y enfoques
teóricos diversos. El aprendizaje y la enseñanza se conciben como procesos
diferenciados, dialécticos y en interrelación permanente.
En
cuanto didáctica analítica, es desde lo grupal que se facilita una integración
no reduccionista de las situaciones en estudio, permitiendo un análisis de
entrecruzamientos desde lo individual, lo institucional, lo social, lo
instrumental, etcétera.
En
cuanto didáctica operativa, se favorecen propuestas pedagógicas acordes con los
significados encontrados en el análisis de las situaciones, que operen desde lo
grupal, faciliten el desarrollo de la grupalidad, a partir de
crear dispositivos grupales adecuados. Desde esta perspectiva, el nivel
individual de aprendizaje queda incluido y no reducido. Es desde el rol de
coordinador docente que se facilitan los procesos grupales, la reflexión sobre
lo social, lo grupal y lo individual y la aproximación al saber, función
central en estos grupos. Dicho rol se complejiza, se despliega en calidad de
experto en contenidos disciplinares (materia) en su enseñanza y en procesos
grupales.
Los
dispositivos grupales instrumentales, enmarcados en la concepción pedagógica ya
dada, son motivo central de indagación en este aspecto operativo de la
didáctica grupal. Dichos dispositivos no excluyen técnicas individuales ni
colectivas sino que las integran en estrategias complejas.
Es
de interés diferenciar la didáctica grupal de la que podemos llamar didáctica
en grupos. Esta última se refiere a una forma de trabajo pedagógico basado
en principios de actividad y participación del alumno en clase, que se organiza
con metodologías y técnicas de grupo, guiadas y dirigidas por el docente. Se
trata de la utilización de técnicas grupales (mal llamadas dinámicas de grupo)
en el seno de un trabajo pedagógico con encuadre directivo tradicional. Es en
grupo y no grupal. Mucha de la producción didáctica se ubica dentro de este
tipo[2].
Por
último, cabe agregar un tercer tipo: el de las didácticas no grupales. En
ellas se incluyen todas las propuestas que no toman como factor de interés las
interacciones, sino que operan en un nivel individual, desatendiendo el
carácter grupal del conjunto humano que constituye una clase[3].
En
nuestras primeras presentaciones empleamos el concepto de antigrupo para
hacer referencia a configuraciones específicas de carácter aberrante,
perturbaciones en la dinámica del grupo, conflictos no resueltos,
enquistamientos estereotipados que provocan el estancamiento del grupo, la
cristalización en un estado inmodificable dificultando el logro de las metas y
aun la sustitución de los objetivos explícitos por otros. Se producen estados
de paralización en la dinámica que obstruyen la construcción del grupo
transformándolo en objeto totalizado, acabado, cosificado, en lugar de permitir
los procesos de "totalización en curso" (Sartre). La burocratización
del grupo se manifiesta por una estereotipia en la interacción que se fija de
manera estable provocando una inmovilización, un bloqueo, un clivaje que impide
el interjuego dialéctico.
Desde
el concepto de formaciones grupales, esta noción ha cambiado. En ellas,
lo antigrupal adquiere el significado de perturbador del desarrollo de la
grupalidad y puede dar lugar a ciertas formaciones específicas que pueden ser
estudiadas en su especificidad. En el término "antigrupo" fuimos
descubriendo un sentido fuerte, estructuralista, no advertido inicialmente: las
configuraciones de antigrupo se oponen a qué, a quién. Quién define "el
grupo escolar", quién "el antigrupo". La diferenciación de las
culturas oficial y no oficial internas a las clases nos llevaron a abandonar el
nombre y a modificar el concepto. Si antigrupo es lo que se opone a los
objetivos del grupo o los obstruye, es también lo que se opone a cultura
oficial desde la que se definen e instituyen los objetivos; pero la cultura
oficial suele atentar y hasta destruir el desarrollo de la grupalidad y la
expresión de lo grupal, utilizando sólo el nombre de grupo (nominalismo) dentro
de una lógica individualista propia de los encuadres y dispositivos de la
enseñanza. Se corría el riesgo de quedar encerrados en una circularidad donde
terminaríamos confirmando nuestra hipótesis anterior al encontrar que las
configuraciones grupales en las clases son casi siempre de antigrupo y, por
ello, de valor antipedagógico.
De
este juego salimos al producir las conceptualizaciones que llevaron del grupo
como objeto discreto al campo de lo grupal y de la grupalidad, y de las
configuraciones de antigrupo a las formaciones grupales que permiten
"comprender" sin riesgo de reducir, valorar a priori, excluir.
3. Lo GRUPAL, LO INSTITUCIONAL, LO SUBJETIVO
Nos
referimos aquí específicamente a las relaciones de los campos de lo grupal, lo
institucional y lo subjetivo. Al hablar de ellos como campos de problemáticas
con atravesamientos múltiples y diversos (deseantes, sociales, ideológicos,
etc.) se plantea una cuestión de interés teórico con respecto a la
diferenciación entre ellos. Nos preguntamos: lo grupal, en cuanto campo con
atravesamientos múltiples, ¿tiene límite? ¿Es lícito hablar de una
diferencia entre lo grupal y otros campos, por lo tanto, entre lo grupal, lo
institucional y lo subjetivo? Lo institucional ¿se transforma en texto de lo
grupal?, ¿es un adentro?, ¿se incluye? Lo grupal ¿es constituyente de lo
institucional? ¿Qué tipo de relaciones hay? Lo subjetivo ¿es diferenciable de
lo grupal? ¿Cómo se construye si no es desde lo social, lo grupal, lo
institucional?
Aquí
creemos que surge una cuestión de interés: la relación entre objetos, unidades,
desde otra perspectiva epistemológica preocupada por la delimitación del objeto
discreto y las de la complejidad y la transversalidad que parecerían borrar los
bordes y límites entre ellos, desde el enfoque epistemológico aquí adoptado.
Lo
institucional, lo grupal y lo subjetivo pueden ser pensados como campos de
problemáticas con atravesamientos múltiples, campos donde están incluidos los
significados y las inscripciones provenientes de las formaciones específicas a
cada uno de ellos. Aludirían a tramas de relaciones pero también a formaciones
peculiares que se conforman en localizaciones espacio-temporales y en formas
organizativas diversas.
Si
sólo pensamos estos campos como atravesamientos parecería no justificarse la
diferenciación, pero si lo hacemos desde el concepto de formaciones específicas
en ellos, adquiere mayor sentido.
En
el caso de la escuela lo institucional surge desde la organización específica y
los intercambios desde lo funcional, la simbólico y lo imaginario lo grupal lo
hace desde formaciones y configuraciones que se constituyen a partir de la
interacción y sus representaciones; lo subjetivo, desde construcciones propias
de cada sujeto que, al participar en espacios compartidos, generan vínculos
formales y fantaseados que contribuyen a generar formaciones a la vez que
constituyen modificaciones en el sujeto. Allí aparece el valor formativo de la
vida grupal e institucional para el sujeto. Los tres campos son objeto de
atravesamientos diversos. Cuatro conceptos explican la potencialidad de cambio:
lo instituyente, la grupalidad, la educabilidad y la formación como proceso
personal.
La
conceptualización sociológica de institución como norma, regularidad social,
sistema jurídico, de reglas, así como la psicoanalítica, que la define como
orden estructurante del inconsciente instituido, no serán tomadas
específicamente en este trabajo. Sin embargo, las dimensiones de lo social y de
lo psíquico inconsciente a que ellas remiten se incluyen como constituyentes de
los campos institucional y grupal.
El
concepto de trama institucional puede sernos útil: es el tejido que se
construye a partir del entrecruzamiento de hilos, de líneas que forman "la
tela", "la novela", "el drama" de una institución en
cuanto conjunto organizado de personas con una localización espacio-temporal
que persiguen fines comunes. La trama institucional hace alusión a un
microtejido que se construye desde las interacciones de los sujetos, en niveles
conscientes e inconscientes.
Lo
institucional, lo grupal y lo subjetivo se atraviesan. Así, en el grupo
encontramos inscripciones institucionales y subjetivas, en el sujeto,
institucionales y grupales, y en la institución, subjetivas y grupales. No se
reducen unas a otras. Hacen a lo heterogéneo y múltiple de los campos.
Nuestra
forma de conceptualizar la relación no es desde contextos delimitados,
representables como círculos concéntricos. Se trata de transversalidad y de
entrecruzamiento.
Las
formas de relación entre significados hallados son diversas: la simetría dada
en significados reiterados en uno y otro campo; la complementariedad y
asimetría de sentidos diversos que conservan su especificidad pero dentro de un
conjunto que funciona como unidad; la bifurcación de significados en líneas
diversas, sea en uno u otro campo; el despliegue en abanico de múltiples
sentidos acerca de un rasgo encontrado; la oposición o contracara que podría
entenderse como positividad y negatividad en cada uno de los espacios; la
articulación en redes complejas.
Entre
lo grupal, lo institucional y lo subjetivo hemos encontrado líneas de
convergencia y de divergencia, no de causalidad. Las relaciones no son
unívocas, como tampoco lo son los significados. Se trata de una realidad
compleja que ha sido estudiada desde la articulación de los campos. Ellos
remiten en nuestro caso, por un lado, a referentes más objetivables: el sujeto,
la clase y la escuela (como organización y establecimiento). Pero no se agotan
en ellos. Son campos, entonces, que pueden diferenciarse conceptualmente pero
que se implican uno en otro.
La
conceptualización de formaciones grupales, tal como la haremos aquí, se refiere
a esta relación entre campos. Son comprendidas justamente como surgiendo y
formándose continuamente en un espacio transicional (Winnicott, 1986), en una
zona con límites borrosos entre los sujetos y la institución escolar, entre lo
subjetivo y lo institucional. Es allí donde lo grupal toma su lugar de
intermediación, de transición, y genera las formaciones grupales específicas.
4. LA NOCIÓN DE FORMACIONES GRUPALES
Las
formaciones grupales se producen dinámicamente en el campo de lo grupal y
adoptan rasgos peculiares de acuerdo con características propias de la
institución escolar y de los sujetos que en ella participan. Son construcciones
que surgen en un espacio transicional, de intermediación entre sujetos e
institución.
Dichas
formaciones tienen una expresión propia que debe ser estudiada desde el ámbito
grupal, aunque pueden también ser vistas desde su vertiente individual o
institucional. En ellas se operan procesos sociales y psíquicos de ligazón
entre los miembros y entre ellos y la institución. Los sujetos participan de
ella mediados por estas construcciones compartidas las que, simultáneamente,
permiten la continuidad en el tiempo de los rasgos idiosincrásicos de la
escuela.
Lo
grupal aparece como un espacio de transición y también de transacción entre
unos y otros. Las formaciones podrían tener una variedad infinita en tanto
surgen como creaciones en un espacio indeterminado que se da entre los sujetos,
sus necesidades, deseos, fantasías, temores, expectativas conscientes de
pertenencia y aquellas características de la escuela en tanto organización
singular que tienden a perdurar como propias: su historia, su cultura, su
estilo pedagógico, su identidad.
La
tesis que sostenemos reconoce antecedentes en los aportes de dos
psicoanalistas: Winnicott y Kaës, y en sus conceptualizaciones de espacio
transicional y de lo intermediario, respectivamente.
Winnicott
en su libro Realidad y juego plantea que la experiencia cultural no ha
encontrado en los desarrollos de la teoría psicoanalítica su verdadero lugar. Los
filósofos han hablado de ella como zona intermedia pero no los psicoanalistas
Sitúa el estudio de los fenómenos transicionales en la esfera de "la magia
de la vida creadora e imaginativa". Se trata de fenómenos de carácter universal
y que tienen una variedad infinita. Dice Winnicott: "lo que importa es que
cuando se tiene a mano una teoría sobre los fenómenos transicionales es posible
mirar con ojos nuevos muchos problemas antiguos" (Winnicott, 1986, pág. 18;
la bastardilla es nuestra). Tal vez estribe aquí la importancia que hemos dado
a lo transicional al elaborar nuestras conceptualizaciones de las formaciones
grupales.
Winnicott
ha definido en su teoría al espacio transicional como zona intermedia
de experiencia entre el yo y el "no-yo", entre el niño y la
madre, entre lo interno y lo externo. A esta zona intermedia de experiencia
contribuyen tanto la realidad interior como la exterior. Aunque la analiza en
la evolución del niño en los primeros meses de vida, Winnicott dice que él
estudia "la sustancia misma de la ilusión, lo que se permite al niño y lo
que en la vida adulta es inherente del arte y la religión" (Winnicott,
1986, pág. 18). Estudia "la zona intermedia entre lo subjetivo y lo que se
percibe en forma objetiva" (pág. 19). Esta zona, señala, "es una raíz
natural del agrupamiento entre los seres vivos" (pág. 19; la
bastardilla es nuestra). En ella se dan los fenómenos transicionales que son
formaciones de pensamientos, fantasías, creaciones que acompañan a las
experiencias funcionales. El objeto transicional surge en el trabajo
gradual que va de la ilusión inicial a la desilusión necesaria en la separación
bebé-madre. Representa a la madre pero aún más importante que este valor
simbólico lo es su misma realidad que da lugar a la capacidad para aceptar
diferencias y semejanzas. Es una posesión para el bebé, no es objeto interno ni
externo, aunque representa a ambos estableciendo una relación entre ellos[4].
El
espacio transicional es una matriz relacional que se difunde a la vida adulta y
a los espacios donde el juego y la creatividad son posibles y, por ello, a la
cultura.
Pero
falta aún señalar un componente central de su teoría: la paradoja. El espacio
transicional y la creación y uso del objeto encierran una paradoja: ¿el
objeto fue dado o creado por el niño, "¿concebiste esto o te fue
presentado desde afuera?". La paradoja debe subsistir, en ella se encierra
el misterio de las relaciones, se sostiene la ilusión, se deja lugar para el
juego y la imaginación: en fin, opera la transición.
Comprender
la relación entre el sujeto individual y la institución, entre lo de adentro y
lo de afuera en el sujeto, en el grupo, en la institución, en la sociedad,
requiere de la nueva forma de mirar que el concepto de fenómenos transicionales
aporta. Esta nueva mirada facilita la formulación de la noción de formación
grupal.
Los
sujetos, por pertenecer a instituciones, necesitan espacios transicionales que
permitan la experiencia de unión-separación, la ligazón, la relación, el
sostén, sin preocuparse por las delimitaciones de lo individual y lo social,
sin preguntarse qué parte de las formaciones que generen en su asociación con
otros es del sujeto, qué es de los otros, qué de la escuela. Hay allí una zona
intermedia de experiencia que cumple funciones transicionales y facilita la
relación sujeto-institución. Esa zona aporta seguridad, apuntala al sujeto en
su psiquismo individual, da permanencia, provee un ambiente emocional que
acompaña. En ella aparecen como fenómenos trasicionales las formaciones
grupales.
Hay
un espacio potencial donde las formaciones surgen. Espacio entre el sujeto
individual y la institución en su funcionamiento y estructura, entre el interior
de cada uno y el exterior, entre uno y otros, entre lo uno y lo múltiple. Espacio
de experiencias donde es posible introducir cambios, pensamientos, creaciones,
nuevas ideas, experiencias educativas y culturales, siempre que se lo respete
en su transicionalidad e "informidad" y no se lo quiera transformar
en posesión de uno sobre otros. Espacio potencial para la formación del sujeto,
en especial para su formación social y para la formación de la cultura
institucional.
La
experiencia cultural surge en el espacio transicional, potencial, intermediario
entre el sujeto y el ambiente.
Es
una tercera zona distinta de la realidad psíquica interna y del mundo real. Es
en este espacio de transición donde postulamos la existencia de las formaciones
grupales.
Kaës,
por su parte, plantea la categoría de lo intermediario y si ella puede ayudar
en la articulación psicosocial. Intermediario es lo que está en
medio, entre. Medio entre espacios, tiempos, unidades, etcétera. Kaës
señala tres caracteres atribuidos a lo intermediario, de los cuales nos
interesa puntualizar dos.
·
Como
una función de lo articular, que se da en un campo discontinuo en el que
hay separación de elementos. Como dice Kaës esta característica tiene un valor
heurístico y puede ser utilizada en situaciones de crisis y ruptura donde las
articulaciones se quiebran.
·
Como
génesis, movimiento, transformación, que permitirá dar cuenta del origen
y del proceso de pasaje y transformación.
La
función de articulación puede darse en distintos tipos de conjuntos
heterogéneos u homogéneos, dentro de un mismo conjunto o sistema o entre
distintos sistemas, etcétera Es una noción que va más allá de una lógica de
pensamiento estructural, de una lógica de objeto discreto, ya que plantea
justamente la conexión, el puente entre lo diferente, lo distinto. En este
sentido es asimilable a una perspectiva epistemológica que intenta captar lo
grupal en su complejidad y no en su reducción.
Lo
intermediario permite pensar el pasaje de una significación a otra, de una
formación a otra en el psiquismo individual y en las formaciones
intersubjetivas. Hace puente entre un pensamiento y otro, entre una
representación y otra. Tiene un carácter de doble faz que permite ser
mirado desde un lado o desde otro, que pueden expresar presencias y ausencias. Es
también una formación de compromiso, de carácter sintomático que permite
expresar sentidos ocultos o pensamientos inconscientes, entre elementos
contradictorios, paradójicos.
Lo
intermediario, al estar entre, participa de la diversidad de los
conjuntos que articula y toma significados de ambos representando en cada uno
al otro, sin identificarse con él. Por eso lo intermediario crea
nuevos sentidos.
Dice
Kaës, reelaborando el uso del sentido de intermediario en Freud: "¿Es
porque se trata de un ser de crisis y de ruptura, que el ser humano es un ser
de palabra y de cultura, un creador de intermediarios?".
Lo
intermediario establece vínculo y articulación, continuidad en lo discontinuo,
acepta la ambivalencia, crea, transforma, agrupa. Por ello nuestro interés en
esta noción para dar cuenta de aquello que en la formación grupal nos interesa:
ser una formación en formación continua que liga, articula entre lo social,
lo institucional, lo subjetivo.
Kaës
plantea la función de intermediación del grupo. En el grupo "los
sujetos son por una parte constituidos como sujetos del inconsciente y, por
otra parte, son constituyentes de la realidad psíquica que allí se produce"
(Kaës, 1995, pág. 19). Uno de los significados que atribuye al grupo se refiere
a una organización de vínculos intersubjetivos en la que los sujetos
producen formaciones y procesos psíquicos específicos, que se manifiestan en
grupos empíricos que forman, a su vez, el marco de las relaciones
intersubjetivas organizadas socialmente.
El
grupo externo brinda al sujeto una función de apuntalamiento de lo
intersubjetivo a la realidad psíquica individual, mantiene un entorno psíquico
de conjunto que beneficia a los individuos. Al mismo tiempo, el grupo recibe de
la psique de los sujetos sus representaciones psíquicas como grupo interno, sus
investiduras, proyecciones, depósitos. El grupo los capta, los utiliza, los
transforma. Surge así otro nivel en el abordaje psicoanalítico del grupo: el
de las formaciones psíquicas comunes a los sujetos. Kaës se refiere a ellas
como formaciones intermediarias, bifaces, regidas por dos espacios conjuntos.
Ellas "aseguran las mediaciones entre los espacios intrapsíquicos,
intersubjetivos y transubjetivos, constituyen puntos de anudamiento del sujeto
y del conjunto, el vínculo de sujetamiento del sujeto del grupo" (idem,
pág. 278).
El
concepto de formación intermediaria describe "funciones de
representación, de delegación y de mediación" (ídem, pág. 138) que
cumplen tanto los sujetos individuales como las formaciones psíquicas con
soporte en un conjunto de sujetos. Suponen a su vez objetos intermediarios que
aseguran funciones de ligazón, de transicionalidad o de simbolización, y
procesos intermediarios movilizados en las representaciones metafóricas del
conjunto y sus elementos.
Por
último, quisiéramos marcar que el concepto de intermediario permite también
comprender la transmisión cultural como acto de transmitir. En ese acto, lo
intermediario juega también una función en tanto permite hacer puente entre lo
pasado y lo presente, establecer la cadena mediante eslabones que se articulan
para que el sujeto pueda ser sujeto para sí mismo y eslabón de la cadena en la
herencia cultural.
Las
formaciones grupales son intermediarias; cumplen la función de articulación y
puente entre la institución y los sujetos, entre la historia y el porvenir y,
al mismo tiempo, se producen a partir de formaciones intermediarias. Al
desarrollar cada formación grupal iremos mostrando su lugar de intermediario.
Nuestras
conceptualizaciones reconocen también como antecedentes los aportes del
análisis institucional y de la corriente de lo grupal que han marcado la
relación entre grupo e institución. Ellas plantean esa relación desde una
mirada más social.
La
noción de contrainstitución de Bauleo llevó a poner en oposición y conjunción
dialéctica las dos nociones al decir que el grupo puede actuar
contrainstitucionalmente replanteando sus normas y provocando cambios. Loureau
planteó los "grupos de interferencia", cuya característica es estar
en el entrecruzamiento y devenir de otros grupos anteriores, actuales o
posteriores, rechazando las fronteras y el encierro del grupo en sí mismo. Lapassade
estudió las relaciones entre institución, organizaciones y grupos, postulando
que "el sentido de lo que ocurre en un grupo aquí y ahora en este grupo
tiene estrecha relación con el conjunto del tejido institucional de nuestra
sociedad" (Lapassade, 1977, pág. 16).
Saidón
señaló la necesidad de incluir el análisis de lo grupal en el trabajo
institucional. Scherzer planteó que todo análisis del objeto grupo debe
incluirse en la dimensión institucional. En 1983, habla de formaciones grupales
haciendo referencia a aquello que el grupo crea en su funcionamiento.
A.
M. Fernández y A. M. del Cueto (1985) plantean las formaciones imaginarias
grupales aludiendo a los procesos imaginarios que un grupo produce; entienden
que no hay grupo sin formaciones imaginarias estrictamente grupales. Analizan
cuatro formaciones: la red de identificaciones cruzadas, la ilusión grupal, el
mito grupal y la institución como disparador del imaginario grupal.
A.
M. Fernández pregunta en "De lo imaginario social a lo imaginario
grupal": "¿Qué mantiene unida a una sociedad en el plano de la subjetividad
colectiva?" (Fernández y De Brassi, 1993, pág. 69). Y responde que la
consolidación y la reproducción de sus producciones de sentido, es decir, su
imaginario social. Esto plantea a su vez la cuestión de la génesis, de la
creación de nuevos sentidos. La sociedad no se agota en la reproducción; es
generadora de sentido y por ello se transforma. Es la capacidad imaginante la
que da lugar a nuevos sentidos como construcción en la historia de la sociedad
y de las instituciones. Un grupo tiene también la capacidad de crear
significaciones propias además de inscribirse en las significaciones ya
existentes en la institución y en la sociedad. "Podría decirse que un
grupo se instituye como tal cuando ha inventado sus significaciones imaginarias"
(ídem, pág. 82; la bastardilla es nuestra).
La
producción de sentido se realiza en los espacios donde es posible imaginar,
pensar, crear. Las instituciones educativas son creadoras de sentido a la vez
que en ellas se inscriben sentidos sociales propios del momento histórico de su
creación, de idearios políticos, que se conjugan con el imaginario de un grupo
que da lugar a que ese sentido social se concrete en un proyecto institucional.
Esos sentidos de la génesis institucional laten en la trama que la institución
construye, y se transforman o se complementan con otros sentidos que en el
transcurso de la historia se van creando y conjugando. La historia
institucional es una articulación de sentidos producidos y una producción
constante de nuevos sentidos.
Las
formaciones grupales cumplen un papel importante en esta red y en la cadena de
retransmisión de la cultura institucional asegurando que las nuevas
generaciones de alumnos aprendan lo idiosincrásico de la escuela en procesos
activos de transformación que tienen lugar en ellas. Allí aparecen las
formaciones específicas que toman el lugar de intermediarias, las cuales:
·
constituyen
eslabones en la cadena de la herencia cultural de la escuela resguardando la
historia y la identidad institucional;
·
son
creadoras y productoras de nuevos sentidos, en tanto utilizan su capacidad
imaginativa, y reproductoras de aquellos sentidos que definen la cultura
institucional;
·
hacen
de puente y articulador entre los sujetos y la institución y entre culturas
institucionales distintas;
·
ofrecen
un espacio transicional para que la experiencia de unión-separación se lleve a
cabo, para que los aprendizajes y las representaciones simbólicas e imaginarias
se realicen;
·
permiten
la circulación fantasmática y los intercambios simbólicos;
·
ofrecen
formas diversas de satisfacción a los sujetos dentro de guiones posibles para
esa institución.
Son
intermediarias entre la historia institucional, el presente y el proyecto
futuro; la organización social, institucional y el sujeto; el imaginario
social, institucional e individual; lo funcional, lo simbólico y lo imaginario;
el adentro y el afuera; lo consciente y lo inconsciente.
Sobre
la base de estas ideas hemos elaborado nuestra noción de formación grupal. Tal
como ya hemos señalado en los capítulos destinados al enfoque epistemológico,
nuestro abordaje dará cuenta de la complejidad de lo grupal y sus formaciones
desde la multirreferencialidad teórica.
[1] Kaës
(1977) habla de la "grupalidad del fantasma" haciendo referencia a la
estructura grupal de los fantasmas originarios que soportan el vínculo y las
posiciones típicas de los grupos. Pero este sentido, así como el de grupalidad
psíquica que desarrolla más tarde (Kaës, 1995), se refieren a la grupalidad
inconsciente e intrasubjetiva.
[2] J.C.
Filloux (1969-1970) propone los términos de "pedagogía de grupos o por
grupos" y "pedagogía centrada sobre el grupo". En la primera, el
trabajo escolar está organizado en pequeños grupos dentro de una estructura
guiada por el docente. En la segunda, el docente conduce el trabajo escolar de
la clase como colectivo, tomando el rol de facilitador y elucidador de
problemas técnicos o afectivos en el grupo.
[3] Estos
conceptos han sido desarrollados en Souto (1993).
[4] Winnicott
habla de pasajes, de procesos, de viajes de lo subjetivo a la objetividad y por
ello de progreso hacia la experiencia. Su expresión siempre elige el gerundio
playing, being para denotar el proceso y no el estado, la capacidad imaginativa
y no el objeto imaginado.
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