domingo, 8 de agosto de 2021

Panorama de herramientas (Pág. 246)


A lo largo de los capítulos, hemos visto cómo las tecnologías de la información pueden ser grandes aliadas a la hora de enfrentar los desafíos que se presentarán en los escenarios combinados. Las plataformas virtuales y la gran diversidad de herramientas TIC pueden facilitar los procesos de interacción y comunicación, la colaboración entre pares, la generación de redes y comunidades de aprendizaje y la utilización de diferentes lenguajes y formatos propios de la cultura contemporánea. Pero, sobre todo, pueden ayudar a sostener la continuidad pedagógica en un contexto de escenarios complejos que deberán combinar instancias presenciales y virtuales.  

En este apartado, se recomiendan algunas plataformas y herramientas que pueden resultar útiles para el diseño de prácticas educativas en escenarios combinados. Se trata de una selección, previa curaduría, en tanto existen muchas más. A su vez, se encuentran agrupadas en diferentes categorías según las diversas funcionalidades que presentan. Estas son: plataformas de gestión de aprendizajes, de contenidos curados y para la formación docente y herramientas de comunicación, de gestión y almacenamiento, para organizar tiempos y tareas, marcadores sociales, para crear producciones propias, para publicar y compartir dichas producciones y para el seguimiento y evaluación de los y las estudiantes.

En cada una de estas herramientas, se distingue el tipo de software (propietario, libre o de código abierto), el desarrollador (el actual propietario de la herramienta), la forma de acceso (gratuita, con restricciones o paga), así como también los diversos modos de uso (navegador web, versión de escritorio descargable y/o aplicaciones móviles).

En este sentido, nos parece relevante dejar planteada la discusión en torno al concepto de soberanía tecnológica, que apunta a promover un software libre, el cuidado de los datos, el desarrollo de la industria nacional del software y a la producción de recursos educativos abiertos y de calidad. Es tiempo de abrir una discusión para empoderarnos y tomar conocimiento real de la tecnología. Uno de los puntos principales ronda acerca de la manera en que nos posicionamos a la hora de relacionarnos con la tecnología: ¿queremos solamente consumirla?, ¿intervenirla?, ¿cuáles son los saberes que tendríamos que poner a jugar para producir tecnología? Resulta fundamental abrir estos interrogantes, sobre todo, pensando en los tiempos que veníamos viviendo en materia de tecnología y se precipitaron con la llegada de la pandemia: quedó en evidencia la importancia de la tecnología para el desarrollo de la sociedad en materia de educación, salud, economía y tantas otras áreas.

Ahora bien, acercándonos al terreno de las herramientas digitales que utilizamos para la educación, parte de la discusión en torno a la soberanía tecnológica intenta problematizar sobre aquellas que decidimos incluir en nuestras prácticas educativas. Así como al inicio del apartado mencionamos que las herramientas son grandes aliadas para la educación, también es necesario cuestionar la neutralidad de estas tecnologías. Parte de la discusión en torno a la soberanía tecnológica, busca problematizar el uso que hacemos de ellas, conocer cómo están desarrolladas, si tenemos acceso a su código fuente, el tipo de licencia que proponen para su uso, y tantos otros interrogantes.

Es por ello que nos resulta fundamental profundizar en los diferentes tipos de licencia de uso y distribución que habilitan los softwares. Más allá de poder ser de acceso gratuito o pago, los softwares pueden poner a disposición su código fuente para que la comunidad realice modificaciones de forma libre. A partir de esta característica, se pueden establecer diferencias entre softwares propietarios, libres o de código abierto. A continuación, mencionamos los principales rasgos que los distinguen. 

  • Software libre: es un software con autorización para que cualquiera pueda usarlo, copiarlo y distribuirlo, ya sea con o sin modificaciones, gratuitamente o mediante una retribución. Esto significa que el código fuente debe estar disponible. Si un programa es libre, puede ser potencialmente incluido en un sistema operativo tal como GNU o los sistemas GNU/Linux libres. En este sentido, el calificativo «libre» se refiere a libertad, no a la gratuidad.198
  • Software de código abierto: permite su libre redistribución y el código fuente debe estar incluido u obtenerse libremente. A su vez, permite la redistribución del software con modificaciones, aunque las licencias pueden requerir que las modificaciones sean redistribuidas solo como parches. El software de código abierto no admite discriminación por el área de iniciativa para su uso, es decir que los usuarios comerciales no pueden ser excluidos. La licencia no puede obligar a que algún otro software que sea distribuido con el software abierto deba también ser de código abierto.
  • Software propietario: no libre, privado o privativo, refiere al tipo de programas o aplicaciones en los que el usuario no puede acceder al código fuente o tiene un acceso restringido y se ve limitado en sus posibilidades de uso, modificación y redistribución. Este tipo de software es el más común, ya que implica que para acceder al mismo el usuario debe pagar por una licencia o sólo puede hacer uso en un contexto restringido. Los softwares propietarios son desarrollados por corporaciones que poseen los derechos de autor sobre el software y, por lo tanto, los usuarios no pueden acceder al código fuente, distribuir copias, mejorarlo o hacer públicas las mejoras. Generalmente, el software propietario es también comercial, es decir, se debe pagar por el uso de todos o una parte de sus servicios. En la actualidad, es muy común que softwares propietarios se comercialicen bajo un sistema denominado “freemium”. La palabra es una combinación de “gratuito” y “premium” y refiere a que algunos servicios de la plataforma son de acceso gratuito, mientras que otros requieren pago. En este sentido, se trata de softwares propietarios y comerciales que ofrecen acceso gratuito a sus servicios pero con restricciones en algunas de sus herramientas o funcionalidades, como por ejemplo, una restricción en la disponibilidad de espacio de almacenamiento.

Para finalizar, no queremos dejar de mencionar que este catálogo de herramientas es una invitación a la exploración, no solo para los tiempos que corren; se trata de sumar nuevas estrategias y hacerlas parte de nuestro quehacer cotidiano como docentes. La única forma de conocer las herramientas es animarse y probar, hacer y deshacer, equivocarse y volver a intentarlo. Sabemos que para muchos/as es un desafío, por lo que esperamos que este recorrido los/as pueda orientar en sus primeros pasos.



Escenarios combinados para enseñar y aprender: escuelas, hogares y pantallas /dirigido por Laura Marés. - 1a ed . - Página 246 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Educ.ar S.E., 2021. Libro digital, PDF Disponible en: https://www.educ.ar/recursos/155488/escenarios-complejos-para-ensenar-y-aprender-escuelas-hogare/download

 

Algunas recomendaciones a la hora de comunicar con TIC (Pág. 209)

  • Ser coherentes: es importante elegir un canal para la comunicación directa y mantenerlo a lo largo del tiempo, de manera consistente y sistemática, estableciendo un patrón que sea previsible y reconocible para todos.
  • Cuidar el tono: iniciar las conversaciones con preguntas interesándose por la situación de los destinatarios, escuchar sus preocupaciones y percepciones, ser lo más asertivos posible al dar la información, evitar el uso de potenciales, ser cálidos y positivos y fomentar un sentido de confianza.
  • Combinar distintos lenguajes: usar los formatos más adecuados según los fines que se persigan, la información a comunicar y las características de los destinatarios, alternando entre texto, video, audio, gráficos, infografías, etc. También hay que tener en cuenta desde dónde se va a acceder a esa información. Por ejemplo, en los celulares se lee mejor el formato PDF que los archivos de Word.
  • Establecer puntos focales de comunicación: identificar cuáles son las informaciones que requieren respuestas por parte de los destinatarios o, por el contrario, solo son para ser leídas. Esa diferencia es clave para elegir el medio de comunicación adecuado y no generar sobreinformación o un alto tránsito de respuestas irrelevantes187. Por ejemplo, en el primer caso utilizar un medio de comunicación directo que permita un ida y vuelta en la conversación, como por ejemplo, WhatsApp; y en el segundo caso, publicar la información en espacios virtuales de alcance masivo, tales como las redes sociales o la página web de la institución.
  • Acordar pautas comunes: en el caso de que se abra un canal de comunicación directo como WhatsApp, es importante establecer acuerdos comunes en torno a los temas que se van a tratar a través de ese medio, horarios en los que van a estar disponibles para responder, algunas reglas de “convivencia” que incluyan la promoción de un trato respetuoso y de escucha activa, entre otros.
  • Realizar minutas de las reuniones virtuales: en el caso de realizarse videoconferencias, es importante elaborar minutas o síntesis de los temas tratados en el encuentro, por ejemplo, se pueden hacer de manera colaborativa a través de documentos compartidos. Luego, hacerlos circular a través de correos electrónicos o grupos de WhatsApp para que aquellos que no pudieron participar cuenten con la información abordada.

En síntesis

Son muchos los desafíos que se les presentarán a los equipos directivos a la hora de llevar adelante la gestión institucional en escenarios combinados. A lo largo de este capítulo, propusimos algunas estrategias que hemos caracterizado como “transmedia” por su capacidad de desplegarse por diferentes medios y plataformas y en diversos formatos y soportes, haciendo uso de todos los recursos disponibles: llamadas telefónicas, mensajería instantánea, correo electrónico, videoconferencias, aulas virtuales, foros de discusión, espacios de diálogo, documentos compartidos, herramientas para la escritura colaborativa, etc. Tomados en conjunto, conforman un ecosistema de medios que promueve y facilita una gestión en red, es decir, una gestión en donde prime el trabajo en equipo y la colaboración, en donde participen e intervengan todos los miembros de la comunidad educativa, en donde se habiliten espacios horizontales para el diálogo, el intercambio y la toma de decisiones.

Frente a los escenarios combinados que se avecinan, se necesita un equipo de conducción que asuma la gestión como ética, que habilite otros modos de ser y hacer en la escuela, que sea motor de la transformación, y sobre todo, que se anime a navegar hacia ecosistemas combinados con el objetivo de garantizar la inclusión y participación de toda la comunidad educativa. Esperamos que estas orientaciones hayan sido de utilidad y que pronto podamos alcanzar ese horizonte y decir: “Acá estamos”.


Escenarios combinados para enseñar y aprender: escuelas, hogares y pantallas /dirigido por Laura Marés. - 1a ed . – Página 209 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Educ.ar S.E., 2021. Libro digital, PDF Disponible en: https://www.educ.ar/recursos/155488/escenarios-complejos-para-ensenar-y-aprender-escuelas-hogare/download


Clases virtuales en contextos de emergencia: COVID- 19

En la urgencia del contexto actual, es frecuente que, al proponerle a un docente o formador dar una clase en línea, inmediatamente piense en cómo trasladar o adaptar su clase presencial. Sin embargo, la virtualidad tiene características propias en cuanto a espacios, tiempos, recursos, comunicación e interacción, por lo tanto, requiere de estrategias de enseñanza diferenciadas.

La educación evoluciona a la par de la tecnología disponible y nos obliga a repensar los modos en que transmitimos y construimos el conocimiento. Muchas didácticas que pueden resultar exitosas en el campo de la formación presencial, no son necesariamente eficaces en lo virtual.

Al diseñar una clase virtual es necesario tener en cuenta las características propias del medio y las posibilidades que brinda. Se trata de un espacio interactivo, hipermedia, dinámico, estimulante y sobre todo instantáneo, que ofrece múltiples recursos digitales. Con estas consideraciones, se puede lograr una autentica experiencia de aprendizaje mediada por la tecnología.

A continuación, se brindan algunas recomendaciones que pueden facilitar la tarea docente:

ANTES DE LA CLASE

Planificar: es algo tan obvio como necesario, sin embargo, no todos los docentes acostumbran a hacer una planificación. La Web -atravesada por infinitos hipervínculos- al utilizarse como soporte educativo, puede resultar un medio muy frustrante para el estudiante sino se le presenta un plan que determine secuencias, actividades y tiempos.

Enviar agenda de clase: sabemos que la tecnología ha facilitado los procesos educativos en gran parte, pero también tiene sus limitaciones. Una conexión inestable puede provocar que un estudiante pierda partes de la clase. Por lo tanto, compartir una agenda de temas y actividades permitirá que, en caso de interferencias, el alumno sepa exactamente qué tema se está discutiendo o en qué actividad se está enfocando la clase.

Tener un plan B: podría pasar que el día de la clase algún miembro del curso sufriera algún inconveniente y no pudiera conectarse. El plan B es el diseño de una clase asincrónica. Es decir, un paso a paso de material y actividades integradas que se puedan trabajar fuera de línea.

Material de apoyo: para que el encuentro virtual resulte más interactivo y los participantes puedan tener un rol activo, es necesario enviar de manera anticipada el material de estudio en el que se apoyará la clase.

Motivar el interés: se pueden utilizar algunas estrategias que despierten la curiosidad y el interés. Por ejemplo, plantear interrogantes que se responderán durante la clase, hacer un juego en línea y prometer revelar los resultados en el encuentro sincrónico, pedirles que busquen y lleven ciertos recursos sin decirles el objetivo de los mismos, presentar algún enigma a resolver.

Hacer una prueba o enviar un instructivo: para evitar la ansiedad y el estrés que suele generar el uso de un aula virtual o sala de conferencia por primera vez, se sugiere hacer “una clase de prueba” o enviar un instructivo detallado sobre cómo acceder y usar las herramientas.

DURANTE LA CLASE

Abrir la sala con tiempo: la mayoría de las aplicaciones que sirven para dar clases o conferencias en línea permiten ingresar hasta quince minutos antes para chequear que esté todo funcionando correctamente.

Tolerancia para iniciar: es fundamental disponer de unos minutos para esperar a quienes se demoren, sobre todo, teniendo en cuenta que la falta de conocimientos técnicos sobre el uso de la plataforma puede ser un gran obstáculo para la puntualidad.

Generar sentido de pertenencia: saludar a los estudiantes y pedirles que se muestren en cámara o saluden por micrófono, permitirles que se encuentren entre ellos o que se conozcan -si es la primera vez en el curso-. Esto genera que el clima de la clase resulte más ameno, distendido, y se superen las barreras espacio-temporales.

Ponerle ritmo: se estima que el tiempo promedio de atención activa en una clase virtual es de 20 minutos porque el alumno está mucho más expuesto a estímulos que fácilmente pueden distraerlo. Más aun considerando que, en la situación de contingencia en la que estamos, muchos hogares no cuentan con un espacio de estudio determinado. Para promover la concentración, se sugiere dar ritmo a la clase intercalando momentos de explicación con espacios de preguntas/encuestas. Por ejemplo, se les puede preguntar si vienen bien con la clase y pedirles que dejen un comentario en el chat, o que rápidamente respondan una encuesta con opciones del tipo “no me queda claro” o “todo comprendido”. También se pueden hacer encuestas sobre el contenido desarrollado, generando opción de debates “a favor o en contra” de algún tema, “de acuerdo o en desacuerdo”. Estas acciones generan participación activa de los estudiantes facilitando el enfoque.

Uso de recursos: muchos recursos que se usan en una clase presencial, por más que sean tecnologías, no tienen el mismo efecto en lo virtual. Por ejemplo, si se va a reproducir un video en la clase en línea, que sea de alto impacto y poco tiempo (no más de 5 minutos). No tiene sentido mostrar un video extenso ocupando tiempo activo de la clase, si los estudiantes pueden verlo previamente. El encuentro sincrónico debe ser potenciado por el uso de herramientas interactivas que promuevan actividades colaborativas y no tanto de exposición. Ejemplo de éstas son los documentos de escritura simultánea, los juegos o simuladores.

Presentación visual: considerando las interferencias de conexión, los problemas técnicos o las posibles distracciones que venimos comentando, es conveniente acompañar el desarrollo del tema con una presentación visual que permita al estudiante comprender una idea global del tema a partir de una imagen, un cuadro conceptual, etc.

DESPUÉS DE LA CLASE

Medir el impacto: una buena forma de conocer el resultado de cualquier clase es a través de la opinión de los participantes. Por ello, si se quiere seguir aprendiendo y mejorando la experiencia de aprendizaje virtual, una breve encuesta sirve para valorar las diferentes estrategias implementadas. Las recomendaciones aquí señaladas pueden servir de orientación para determinar los indicadores, podrían ser: uso del tiempo/espacio, socialización y participación, ritmo de la clase, recursos utilizados, presentación y contenido, etc.

Planificar y desarrollar una clase sincrónica mediada por la tecnología puede resultar una experiencia enriquecedora, si se tienen en cuenta las características propias del entorno digital y no se pretende “trasponer” una clase presencial. Es necesario cambiar la perspectiva. Incluso, los mismos estudiantes no se comportan igual en un espacio u en otro, no aplican las mismas técnicas de estudio ni desarrollan las mismas competencias. Por eso, los profesores deben ensayar nuevas formas de enseñar a través de soportes en línea. Ahora más que nunca, y con el agregado que esas clases transcurren en un momento de incertidumbre y crisis mundial, en el cual la educación está siendo defendida como un derecho básico, pero también como una necesidad.

 

Fuente: Red de Educación Continua de LATAM y Europa. Rocío González (2020) Universidad Siglo 21. Bogotá, Colombia. Disponible en https://recla.org/noticias/clases- virtuales-en-contextos-de-emergencia-covid-19/

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